NUTRICIÓN INFANTIL

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Una alimentación correcta durante la infancia es importante porque el organismo del niño se encuentra en crecimiento y formación.

Durante la infancia se establecen los hábitos alimentarios que posteriormente serán difíciles de cambiar. Si la población infantil aprende a comer bien, a tener unos hábitos alimentarios saludables y a llevar un estado de vida activo, cuando sean mayores estarán más sanos y será más difícil que desarrollen cierto tipo de enfermedades como obesidad, enfermedades cardiovasculares, etc. Además, será más probable que de adultos mantengan estos hábitos de vida tan adecuados.

A continuación voy a describir cómo debería ser la alimentación del niño desde que nace hasta la edad escolar:

Alimentación en el primer año de vida

Este periodo se caracteriza por un gran crecimiento y desarrollo físico, así el peso del recién nacido se duplica aproximadamente a los 5 meses de edad y se triplica al año, aumentando en longitud durante el primer año unos 25-30 cm.  Este gran desarrollo físico va a condicionar unas necesidades determinadas de los distintos nutrientes.

También se caracteriza por la inmadurez de ciertas funciones implicadas en el proceso alimentario, que se van a ir desarrollando en los dos primeros años de vida. La dentición necesaria para masticar no se desarrolla hasta el segundo semestre, los movimientos de deglución capaces de arrastrar hasta la faringe los alimentos no son eficaces hasta el 4º, 6º mes, la secreción ácida gástrica y la secreción pancreática no van a ser maduras hasta los 2 años de edad.

Por todo lo anterior, se entiende por qué en este periodo de la vida se considera al niño un lactante, ya que es la leche materna su alimento ideal, adaptado a sus necesidades para el crecimiento y desarrollo y a su estado de madurez.

Entre las ventajas de la lactancia materna en el bebé se encuentran la idoneidad para satisfacer las necesidades energéticas y de nutrientes especificas del lactante; la defensa frente a infecciones gastrointestinales; aporte de factores de crecimiento y de hormonas gastrointestinales moduladores de la maduración del tracto gastrointestinal del recien nacido; menor incidencia de dermatitis atópica y de sensibilización a proteínas de la leche de vaca en niños susceptibles y por supuesto el establecimiento de una óptima relación afectiva madre-hijo con un mayor estímulo para el desarrollo psicoafectivo del lactante.

Y para la madre también tiene ventajas, por ejemplo, una mejor contracción e involución uterina; es un método más rápido y económico, y también disminuye el riesgo de padecer cáncer de mama.

A partir del 6º mes la leche humana y en menor proporción, los preparados para lactantes no satisfacen adecuadamente las necesidades nutritivas de un lactante sano, por ello surge la necesidad de de introducir la alimentación suplementaria, que implica el paso de una alimentación láctea  a una alimentación más variada, inicialmente semisólida y después sólida.

Se recomienda:

–         Introducción no antes de los 3 meses ni después de los 6 meses, en cantidades pequeñas y de forma progresiva.

–         No debe constituir a los 6 meses más del 50% del aporte calórico total. Para el resto del primer año la ingesta de leche o productos lácteos no será inferior a 500 ml al día, para mantener un aporte adecuado de calcio.

–         No es necesario especificar el tipo de alimento por el que se empieza (suele ser cereales, frutas o verduras) o cuando han de introducirse proteínas animales distintas de las lácteas; sí lo es demorar los alimentos más alergénicos, como los huevos o el pescado hasta los 5 o 6 meses por lo menos.

–         No deben introducirse hasta los 6 meses alimentos que contengan gluten.

–         En los primeros meses se deben evitar alimentos ricos en nitratos como las espinacas o la remolacha.

–         En lactantes con historia familiar de atopia deben evitarse, el primer año, los alimentos potencialmente alergénicos.

 

Alimentación entre 1 y 3 años

Este es un periodo de transición entre la fase de gran crecimiento y desarrollo propia del lactante y la fase de crecimiento estable a partir de los 3 años hasta la pubertad, y por tanto, entre la alimentación del niño pequeño o lactante y el patrón alimentario del niño mayor, más semejante a la del adulto. El niño va a incorporar los hábitos alimentarios de su familia, consolidando sus gustos alimentarios.

En general, el aporte calórico debe proceder en un 50-55 % de los carbohidratos, un 12-15 % de proteínas y un 30-35 % de lípidos. No obstante en estas edades no es aconsejable ser muy restrictivos por el riesgo de un aporte inadecuado de energía y ácidos grasos esenciales.

Los grupos de alimentos van a ser muy semejantes a los ingeridos en el primer año. La ingesta de lácteos no debe ser inferior a 500 ml, aconsejándose seguir con leches de continuación o el uso de las llamadas “leches de crecimiento”. Parte de estos aportes se pueden sustituir por derivados lácteos (quesos, yogures, etc.).

Los cereales y el pan acompañando a la leche van a ser los constituyentes principales del desayuno y merienda.

Las carnes, pescado y huevos van a completar el aporte proteico. Debe tenderse a usar carnes y pescados magros, y cocinados con poca grasa, sin renunciar a la carne roja por su riqueza en hierro y al pescado azul que aunque más graso tiene un alto contenido en ácidos grasos omega3. La ingesta recomendada de huevos suele ser de uno a tres a la semana.

Las verduras y legumbres pueden usarse frescas o congeladas. Las frutas han de ser frescas y más bien maduras. Son la fuente principal de carbohidratos. En este sentido es importante controlar que el niño no se acostumbre a la ingesta de dulces y chucherías, creándose hábitos alimentarios que pueden ser perjudiciales.

Alimentación a partir de los 3 años

Preescolar

El preescolar se corresponde con el niño de 4 a 6 años que ya ha alcanzado una madurez completa de los órganos y sistemas que intervienen en la digestión, absorción y metabolismo de los nutrientes.

Una característica específica de esta edad es el rechazo a los alimentos nuevos dentro de una actitud global de temor a lo desconocido.

El preescolar tiene capacidad para reconocer y elegir los alimentos de las distintas comidas al igual que el adulto. En esta elección influyen indudablemente factores genéticos, pero tienen mucha más importancia los procesos de observación e imitación, de tal modo que el niño tiende a comer lo que ve comer a los adultos que le rodean y a sus propios compañeros.

El inicio de la escolarización impone un cambio significativo en su vida, por ello también la escuela debe comenzar a tener un papel importante en la adquisición de hábitos dietéticos saludables cuyo aprendizaje precoz perdure a lo largo de la vida.

En esta etapa debemos actuar apoyando el inicio de su independencia, ayudándole para que pueda comer solo, sentado en la mesa. La preparación de los alimentos debe ser tal que su masticación sea lo más fácil posible.

Debido al rechazo hacia los alimentos nuevos propio de esta etapa, conviene ofrecérselos junto con otros que le sean muy conocidos y manteniendo una postura flexible sin forzar ante sus negativas para evitar que aparezcan y se consoliden las aversiones a ciertos alimentos.

Escolar

En este periodo se incluye a los niños desde los 7 años hasta la edad en que comienzan a aparecer los caracteres sexuales secundarios, es decir, a los 10-12 años en las niñas y a los 12-14 años en los niños.

La dieta a esta edad debe favorecer la adquisición de unas reservas energéticas que permitan el normal desarrollo del brote de crecimiento que tendrá lugar en la etapa inmediatamente posterior. Asimismo, debe atender al aumento progresivo en la actividad física propio de esta edad.

En el periodo escolar, el niño desarrolla un tipo de alimentación aun más independiente del medio familiar que en la anterior etapa. Suelen desayunar rápida y escasamente y muchos comen en el colegio donde la supervisión sobre las cantidades ya no es tan estricta. En la merienda se tiende a abusar de los productos manufacturados de bollería y es la cena la parte de la dieta diaria que puede ser controlada de forma más cuidadosa por la familia.

Las características  de imitación de grupo se acentúan y en los años finales de este periodo comienza a manifestarse preocupación por la imagen corporal y fundamentalmente por el peso, sobre todo en las niñas.

Por todo ello, la educación nutricional debe incluirse dentro de los programas de enseñanza, ya que estos conocimientos son fundamentales en la adquisición de hábitos dietéticos favorables a la salud y que dificulten la aparición de enfermedades degenerativas.

Pautas para comer bien en niños

  • Desayunar siempre y de la forma más completa posible.
  • Limitar la comida precocinada, los alimentos procesados o comidas de preparación rápida (hamburguesas, pizzas…), pues contienen más grasas saturadas, azúcares y sal.
  • Si el niño rechaza un alimento, no se le debe forzar a tomarlo. Los niños deciden si comen o no, y la cantidad que toman. Los padres deciden el tipo, calidad y variedad de los alimentos.
  • Ninguna comida debería estar prohibida, a no ser que el niño sea alérgico o tenga intolerancia a ella. A los niños se les deberían permitir los caprichos ocasionalmente. No es malo comer chocolate de vez en cuando. La prohibición de ciertas comidas (chucherías, refrescos, hamburguesas…) puede atraer la atención del niño hacia ellas y hacer que parezcan más atractivas y deseables.
  • Los frutos secos son peligrosos por el riesgo de atragantamiento (pipas, almendras, avellanas…). No deben darse hasta que el niño tenga 4 años y siempre con precaución.
  • Los niños necesitan comer a menudo. A algunos niños que picotean entre horas, se les debe proporcionar alimentos nutritivos y saludables, y evitar que piquen a todas horas alimentos poco recomendables (galletas, chucherías, patatas fritas, zumos envasados…) que interfieran en su apetito.
  • Si el niño sigue con lactancia materna, se le debe permitir que tome el pecho cuantas veces quieran los dos, la madre y el hijo.
  • El biberón debe usarse con bebidas azucaradas como los zumos, pues aumenta el riesgo de caries. Además, no hay que retrasar el momento de abandonar chupete y biberón.
  • A partir del año, se puede ir integrando al niño progresivamente a la mesa familiar, aunque al principio necesitará mucha atención.
  • Es importante hacer de la comida un momento agradable. Los niños imitan todo lo que ven, por lo que los padres y familiares tienen una gran responsabilidad respecto a sus comportamientos.
  • Lo recomendable es comer juntos, sin ver la televisión, para facilitar la comunicación.
  • Tocar, jugar con la comida es una necesidad para los niños y constituye la mejor manera de aprender. Necesitan practicar. Las habilidades no se adquieren de golpe, sino de forma progresiva, después de varios intentos. Deje que tu hijo coma solo si ya es capaz de hacerlo, aunque ensucie.
  • A partir de los 2 años, los niños pueden empezar a “ayudar” en la compra y se les puede involucrar en la preparación de comidas (lavando las verduras, mezclando una macedonia de frutas, preparando un bocadillo, exprimiendo una naranja…), deja que colabore.
  • El mejor premio para un niño es la atención sincera de un adulto, que le dedica tiempo, un cuento, una broma o un juego. No se debe premiar el buen comportamiento con dulces y chucherías, por el buen comportamiento ni tampoco regañar, gritar, castigar o amenazar para que coma.

Fuente: Mª Carmen Ortiz Muñoz (Nutricionista Clínica Imar)

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